martes, 4 de abril de 2017

Sé que fuiste tú.

Las gotas caían lentamente desde la mesa a causa de un gran hueco en el techo de mi casa, estaba parcialmente destruido. No me quedaba nada, mi novia había sido asesinada, mis hijos maltratados y yo estaba en un estado de locura avanzada, aún que, como para no estarlo con la situación que me había tocado vivir, la única que todavía permanecía conmigo era mi hermana.

- Ve a por las pastillas, rápido, antes de que vengan y nos hagan lo mismo que a ellos. - Dije susurrándole al oído.

Mi hermana corrió hacia el baño para realizar aquella tarea que la había encomendado, mientras tanto, yo iba forzando más el nudo para verificar su resistencia y escribiendo mi nota de suicidio. En ese atroz momento alguien llamó a la puerta principal.

- ¿Hay alguien en casa?¿Hijos míos?¡Abrid inmediatamente, es urgente!

- ¡Rápido, sírvete un vaso de agua y tómatela ya! - La dije a mi hermana, nervioso.

Me hizo caso y se sirvió el vaso de agua, posteriormente, se bebió la pastilla y éste, y fue a su cama a recostarse. Mientras tanto, me subí con cauteleza a la mesa, no quería resbalarme con el agua encharcada en su superficie. Cogí la cuerda y me la situé alrededor del cuello, una vez la apreté, tiré la mesa de una patada y mis piernas se quedaron colgando.

Mi padre escuchó la mesa caer y entró inmediatamente en la casa, echando la puerta abajo.
Entre toda la agonía que estaba sufriendo, la mayor parte concentrada en el cuello, lo único que pude ver antes de no sentir nada más que un dolor suave que se iba desvaneciendo, fue a mi padre, estaba mirando mi nota, la nota en la que simplemente puse cinco palabras: Sé que tu les maltrataste.

Después de eso no había nada, un lugar oscuro y tenebroso, todo en silencio, todo en la nada.





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