Lectura de un fragmento de Aleph del escritor Paulo Coelho.
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martes, 6 de junio de 2017
viernes, 31 de marzo de 2017
ADIÓS
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Taller de escritura Bachillerato Atocha
marzo 31, 2017
1A,
Mauro Camero,
microrrelato.
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Las gotas caían lentamente desde la mesa. Su vaso había caído cuando oyó la noticia. Notó que algo se había roto en su interior. Sus ojos se nublaron, sus manos comenzaron a temblar y su voz se quebró.
¿Cómo podía haber ocurrido? No se lo podía creer. Se sentó en la silla más cercana y unas cuantas lágrimas brotaron de sus ojos.
¿Cómo podía haber ocurrido? Por su cabeza pasaron todos los momentos que habían vivido juntos; todas las risas, todos los llantos, aquellos días tensos, esos días de verano, el jardín, el sol...
Se acordó de sus labios. Los adoraba. Recordó su sabor dulce, a caramelo. Y se dio cuenta de que los echaría tanto de menos. Ahora ese espíritu libre viajaba por el horizonte y su único consuelo sería la luna y el mar. Mirar el mar y la luna y luego, cerrar los ojos e intentar escucharlos. Tratar de escuchar a la persona que tanto amó.
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¿Cómo podía haber ocurrido? No se lo podía creer. Se sentó en la silla más cercana y unas cuantas lágrimas brotaron de sus ojos.
¿Cómo podía haber ocurrido? Por su cabeza pasaron todos los momentos que habían vivido juntos; todas las risas, todos los llantos, aquellos días tensos, esos días de verano, el jardín, el sol...
Se acordó de sus labios. Los adoraba. Recordó su sabor dulce, a caramelo. Y se dio cuenta de que los echaría tanto de menos. Ahora ese espíritu libre viajaba por el horizonte y su único consuelo sería la luna y el mar. Mirar el mar y la luna y luego, cerrar los ojos e intentar escucharlos. Tratar de escuchar a la persona que tanto amó.
lunes, 27 de febrero de 2017
Cansancio, tristeza y dolor.
Fue por voluntad divina,
que vivo en esta tristeza,
ya no elevo mi mirada,
me estoy hundiendo en la tetera.
Corazón, no te sigo ya.
Hasta aquí nos has traído,
a un motel de periferia,
donde reposar tranquilo.
Y es que no puedo continuar.
No puedo con estos golpes
que la vida otra vez me da,
ahora quiero que me llores.
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Fue por voluntad divina,
que vivo en esta tristeza,
ya no elevo mi mirada,
me estoy hundiendo en la tetera.
Corazón, no te sigo ya.
Hasta aquí nos has traído,
a un motel de periferia,
donde reposar tranquilo.
Y es que no puedo continuar.
No puedo con estos golpes
que la vida otra vez me da,
ahora quiero que me llores.