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martes, 30 de mayo de 2017
domingo, 26 de marzo de 2017
Mi triste amor odiado
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Taller de escritura Bachillerato Atocha
marzo 26, 2017
1A,
Andrea Sandoval,
micro relato
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Las gotas caían lentamente desde la mesa y mi mirada permanecía clavada en aquella carta que me creó ese gran vacío en mi interior. Contaba cada una de mis lágrimas que se deslizaban sobre la madera desgastada por el tiempo. Mi respiración se iba entrecortando al pensar que él se quería alejar de mi lado, yo sabía que era mi merecido castigo por haberle consumido de tal forma que sus ojos ya no parecían los mismos y su sonrisa cada día parecía más apagada.
Leia y releía aquellas palabras que el había plasmado con rabia en el papel y que cada vez la tinta se notaba escrita con más fuerza, cada una de ellas me perforaban en alma poco a poco.
Creo que no estaba preparada para aceptar el no sentirle cerca de mi nunca más, yo sabía que sin el no podía seguir adelante, me rendí porque el hacía que cada momento se convirtiese en un recuerdo eterno e inolvidable, porque cada vez que intentaba mirar al frente mi corazón inconscientemente se refugiaba en todos y cada de los segundos que había vido con él, no soportaba el dolor, no soportaba su ausencia, era un sonido de silencio demasiado insoportable.
Después de treinta y dos veces leída la carta, mi raya de ojos corrida y apenas notable en mi rostro, lo labios sonrojados a consecuencia del llanto continuo e interminable, todas mis mejillas empapadas de lagrimas que recorrían cada milímetro de mi semblante, una mirada totalmente perdida y un corazón destrozado en menos de cuarenta minutos, al fin consiguió que mi ser se escapase de mi cuerpo y entonces me pregunté, ¿realmente vale la pena seguir respirando si ya no formas parte de mi?
Agarré el móvil temblorosamente con una mano y escribí: cuídate, ya que yo ya no podré hacerlo, el móvil fue cayendo delicadamente al suelo mientras que mi corazón dio su último suspiro.
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Leia y releía aquellas palabras que el había plasmado con rabia en el papel y que cada vez la tinta se notaba escrita con más fuerza, cada una de ellas me perforaban en alma poco a poco.
Creo que no estaba preparada para aceptar el no sentirle cerca de mi nunca más, yo sabía que sin el no podía seguir adelante, me rendí porque el hacía que cada momento se convirtiese en un recuerdo eterno e inolvidable, porque cada vez que intentaba mirar al frente mi corazón inconscientemente se refugiaba en todos y cada de los segundos que había vido con él, no soportaba el dolor, no soportaba su ausencia, era un sonido de silencio demasiado insoportable.
Después de treinta y dos veces leída la carta, mi raya de ojos corrida y apenas notable en mi rostro, lo labios sonrojados a consecuencia del llanto continuo e interminable, todas mis mejillas empapadas de lagrimas que recorrían cada milímetro de mi semblante, una mirada totalmente perdida y un corazón destrozado en menos de cuarenta minutos, al fin consiguió que mi ser se escapase de mi cuerpo y entonces me pregunté, ¿realmente vale la pena seguir respirando si ya no formas parte de mi?
Agarré el móvil temblorosamente con una mano y escribí: cuídate, ya que yo ya no podré hacerlo, el móvil fue cayendo delicadamente al suelo mientras que mi corazón dio su último suspiro.
domingo, 12 de marzo de 2017
Soy una sonrisa
Soy una sonrisa,
pero también lágrima fácil,
más alma que cuerpo
y menos realidad que sueños.
Contradictoria hasta los huesos.
la música la llevo en la sangre
y a los demás en el pecho izquierdo,
que late más fuerte que nunca
y desgarra como jamás un verano lo había hecho
Y es que soy un viaje en autobús
un viernes por la tarde
ese "mamá todo irá bien" que nunca dije,
pero ella entiende
y todos los "te quiero" que no he dicho
por miedo a escuchar un "yo también" como respuesta.
Soy un desastare,
pero un desastare un la mejor suerte del mundo.
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pero también lágrima fácil,
más alma que cuerpo
y menos realidad que sueños.
Contradictoria hasta los huesos.
la música la llevo en la sangre
y a los demás en el pecho izquierdo,
que late más fuerte que nunca
y desgarra como jamás un verano lo había hecho
Y es que soy un viaje en autobús
un viernes por la tarde
ese "mamá todo irá bien" que nunca dije,
pero ella entiende
y todos los "te quiero" que no he dicho
por miedo a escuchar un "yo también" como respuesta.
Soy un desastare,
pero un desastare un la mejor suerte del mundo.