Las gotas caían lentamente sobre la mesa; no sabía bien porque, al fin y al cabo solo eran cuadros lo que había en las paredes, retratos al fin y al cabo.
No pensaba tocar nada puesto que la choza no era suya, sólo se estaba refugiando de la lluvia hasta el día siguiente; sin embargo no dejaba de tener la sensación de que los cuadros de las paredes le miraban, una pena que ya hubiera anochecido y no pudiera ver bien a quien pertenecían esos retratos.
Se puso a recoger el vaso de agua y a limpiar el agua del suelo sin dejar de mirar inquieto por encima de su hombro.
Al ver que no paraba de llover decidió quedarse a dormir en la choza ya que por suerte había traído una manta térmica en la mochila. Finalmente, agotado tras andar todo el día se echó a dormir...
A la mañana siguiente, al despertarse, gritó y huyó lo más rapido posible de aquella choza, puesto que al levantarse se dió cuenta de que la choza sólo tenía ventanas y ningún cuadro...
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