Las gotas caían lentamente desde la mesa y, junto a un color pálido y una bajada de su
temperatura corporal, daban a entender que David estaba muerto. Jesús, su hijo, fue el que
encontró el crimen tras entrar por la puerta el domingo por la noche tras estar todo el día
fuera. Ni la ayuda de los psicólogos ni de las pastillas bastaron para que pudiese dormir. La
esposa se divorció de David hace años y no se sabe nada de ella. La policía llego al domicilio y
los detectives empezaron a recoger datos y señales, que diesen algún sospechoso. Tras hablar
y preguntar a los vecinos y al conserje, acabada la labor el cuerpo policial se dispuso a salir del
piso, y la única pista era un pelo largo castaño, que a Jesús le parecía ser de María, su madre.
0 comentarios:
Publicar un comentario