jueves, 8 de junio de 2017

Las gotas caían lentamente sobre la mesa, mientras José y yo intentábamos asimilar todo lo que había pasado aquellos días. No podía parar de pensar como se sentiría él después de todo lo sucedido, aguantando día tras día gritos, insultos, desprecios y malas caras después de llegar de clase. Aquello se había convertido en una pesadilla, lo que para todo el mundo es su refugio, para nosotros se había convertido en un infierno, la vida en aquella casa se había vuelto un intento de sobrevivir.
Nuestro entorno familiar nunca había sido normal, pero aquellos últimos años definitivamente se volvió en una cosa de locos.  Cuando vimos que la situación empezaba a ser nefasta decidimos irnos unos días a casa de nuestro abuelo Carlos para que las personas que nos habían dado la vida, dejaran de quitárnosla. Así pues, madre y padre, solo se preocupaban de ellos habiendo olvidado a sus hijos, poniéndoles en un segundo plano, sin ellos darse cuenta. Por aquel motivo la hija mayor de la familia decidió alejarse por sí sola de lo tóxico y solo dejar entrar cosas buenas y bonitas en su vida.
Es una historia sin fin, y nunca sabremos quién de los dos tuvo más culpa, o si la tuvieron por igual. La historia no sabemos cómo acabará, de momento nos encontramos sentados en una mesa mirándonos el uno al otro, mientras las gotas caen lentamente sobre la mesa. 

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