domingo, 4 de junio de 2017

Sorpresas inesperadas

Sorpresas inesperadas


Las gotas caían lentamente desde la mesa. Eso es lo primero que vio Paula cuando entró cargada con bolsas del supermercado.
Venía cansada, había salido del trabajo y antes de llegar a casa había hecho la compra; todavía tenía q hacer la cena, bañar a los niños y darles de cenar.
Aunque iba cargada vio como el agua caía sobre la alfombra que hacía dos días que había recogido del tinte porque había que limpiarla en seco.
En realidad no era para tanto, pero el hecho la enfureció. Le gustaba el orden y la limpieza pero era difícil lograrlo con sus hijos y su marido tampoco ayudaba mucho. Tardaban un momento en desbaratar su trabajo de horas. Ella se sentía agobiada y se quejaba de que no la tenían en cuenta ni a ella ni a su trabajo.
También le extraño no ver, y sobre todo no escuchar, a los niños y a Jaime. Por las tardes cuando Jaime estaba con sus hijos esperándola en casa parecían trillizos en lugar de un padre con sus dos hijos.
De repente, levantó la vista del suelo y contempló un enorme ramo de flores colocadas en un jarrón de cristal.  Era un ramo precioso, colorido y muy primaveral como a ella le gustaban, con lirios y unas rosas anaranjadas preciosas. Junto al jarrón había una jarra con agua que se había caído y al hacerlo el agua que la llenaba se había derramado sobre la mesa.
Sonrió y se le iluminaron los ojos, al tiempo q Jaime y los mellizos salían de la habitación de al lado riendo y gritándole "Felicidades mamá".
Era su santo y lo cierto es que no pensaba q nadie se acordaría. Pero a la salida del cole su marido y sus hijos habían ido a una floristería a comprar el ramo más bonito de todos los que allí había. Al colocarlo en el jarrón y llenarlo de agua sintieron el ascensor en su rellano y el ruido de unos tacones que se iban acercando. Supusieron, con razón, que era ella y salieron disparados a esconderse, sin darse cuenta que la jarra se había caído.
No le importó el agua sobre la alfombra, las bolsas de la compra ni siquiera el cansancio. Abrazó a sus hijos y a su marido y sintió que sí les importaba y claro que la querían.

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