jueves, 8 de junio de 2017

Las gotas caían lentamente sobre la mesa, mientras José y yo intentábamos asimilar todo lo que había pasado aquellos días. No podía parar de pensar como se sentiría él después de todo lo sucedido, aguantando día tras día gritos, insultos, desprecios y malas caras después de llegar de clase. Aquello se había convertido en una pesadilla, lo que para todo el mundo es su refugio, para nosotros se había convertido en un infierno, la vida en aquella casa se había vuelto un intento de sobrevivir.
Nuestro entorno familiar nunca había sido normal, pero aquellos últimos años definitivamente se volvió en una cosa de locos.  Cuando vimos que la situación empezaba a ser nefasta decidimos irnos unos días a casa de nuestro abuelo Carlos para que las personas que nos habían dado la vida, dejaran de quitárnosla. Así pues, madre y padre, solo se preocupaban de ellos habiendo olvidado a sus hijos, poniéndoles en un segundo plano, sin ellos darse cuenta. Por aquel motivo la hija mayor de la familia decidió alejarse por sí sola de lo tóxico y solo dejar entrar cosas buenas y bonitas en su vida.
Es una historia sin fin, y nunca sabremos quién de los dos tuvo más culpa, o si la tuvieron por igual. La historia no sabemos cómo acabará, de momento nos encontramos sentados en una mesa mirándonos el uno al otro, mientras las gotas caen lentamente sobre la mesa. 
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Las gotas caian lentamente desde la mesa tras recorrer todo mi rostro, ya no podía más, el nivel de agobio era tan grande, que no sabía que hacer, todo me superaba. Me levanté de la silla y fui directa al baño a lavarme la cara y despejarme un poco, solo podía hacer una cosa, seguir estudiando, ya que, despues de la tormenta, viene la calma.
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martes, 6 de junio de 2017

Lectura de fragmento de Aleph, de Paulo Coelho.

Lectura de un fragmento de Aleph del escritor Paulo Coelho.

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El pomo de la puerta


Ya eran las tres de la madrugada y el pomo de la puerta volvía a sonar.
No sería ni la primera ni la segunda vez que llamaba al casero para saber que le pasaba al dichoso pomo. Rechinaba como si alguien lo moviese una y otra vez con la intención de abrir la puerta.

Obviamente esta opción era descartada cada noche debido a que la puerta daba a un armario empotrado, en el cual, nunca había nadie. Ni mascotas, ni insectos, ni corrientes de aire. Ningún ápice de vida traspasaba la puerta.
Como siempre ajusté el pomo y me fui a dormir, estaba agotado.
Al día siguiente, me levante un tanto cansado, nada del otro mundo. Fue un día bastante bueno, fui a desayunar con unos amigos, después fuimos al cine(...). En fin, estuvo entretenido.

Ya eran las 11 de la noche y estaba volviendo a casa. En esto me encontré a mi casero. Nos saludamos y le comenté el problema de la puerta.
El se rió y me dio las mismas excusas de siempre... Que si los encajes no están bien, que podía ser todo una alucinación del sueño, que ya subiría a verlo(...).
Subiendo en el ascensor, después de la banal conversación, el hombre me preguntó la fecha del día en el que estábamos. 17 de Diciembre.
En este momento su cara se tornó de un blanco nuclear.

Por un momento pensé que se iba a desmayar. Le invité a mi casa a tomar un café, el hombre me evitó decir el por qué de su repentino(...). Su repentino lo que fuese. Lo evitó tanto que ya eran casi las tres de la mañana.
Finalmente cedió y me contó el por qué de lo que le ocurrió.

Pasaba que era el 15 cumpleaños de su hija. La cual murió hace ya 10 años en esa misma casa.
Yo sabía que alguien falleció en el domicilio. Era una de las razones por las que era tan barato.
Lo que ignoraba era que fuese su hija.

Dieron ya las 3 de la mañana. El pomo volvió a sonar. Pero esta vez, de dentro del armario salió una chica que nunca antes había visto en mi vida. A mi casero sin embargo, le resultaba familiar.
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lunes, 5 de junio de 2017