Leia y releía aquellas palabras que el había plasmado con rabia en el papel y que cada vez la tinta se notaba escrita con más fuerza, cada una de ellas me perforaban en alma poco a poco.
Creo que no estaba preparada para aceptar el no sentirle cerca de mi nunca más, yo sabía que sin el no podía seguir adelante, me rendí porque el hacía que cada momento se convirtiese en un recuerdo eterno e inolvidable, porque cada vez que intentaba mirar al frente mi corazón inconscientemente se refugiaba en todos y cada de los segundos que había vido con él, no soportaba el dolor, no soportaba su ausencia, era un sonido de silencio demasiado insoportable.
Después de treinta y dos veces leída la carta, mi raya de ojos corrida y apenas notable en mi rostro, lo labios sonrojados a consecuencia del llanto continuo e interminable, todas mis mejillas empapadas de lagrimas que recorrían cada milímetro de mi semblante, una mirada totalmente perdida y un corazón destrozado en menos de cuarenta minutos, al fin consiguió que mi ser se escapase de mi cuerpo y entonces me pregunté, ¿realmente vale la pena seguir respirando si ya no formas parte de mi?
Agarré el móvil temblorosamente con una mano y escribí: cuídate, ya que yo ya no podré hacerlo, el móvil fue cayendo delicadamente al suelo mientras que mi corazón dio su último suspiro.
0 comentarios:
Publicar un comentario