Las gotas caían lentamente desde la mesa. Su vaso había caído cuando oyó la noticia. Notó que algo se había roto en su interior. Sus ojos se nublaron, sus manos comenzaron a temblar y su voz se quebró.
¿Cómo podía haber ocurrido? No se lo podía creer. Se sentó en la silla más cercana y unas cuantas lágrimas brotaron de sus ojos.
¿Cómo podía haber ocurrido? Por su cabeza pasaron todos los momentos que habían vivido juntos; todas las risas, todos los llantos, aquellos días tensos, esos días de verano, el jardín, el sol...
Se acordó de sus labios. Los adoraba. Recordó su sabor dulce, a caramelo. Y se dio cuenta de que los echaría tanto de menos. Ahora ese espíritu libre viajaba por el horizonte y su único consuelo sería la luna y el mar. Mirar el mar y la luna y luego, cerrar los ojos e intentar escucharlos. Tratar de escuchar a la persona que tanto amó.
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