martes, 18 de abril de 2017

Cartas

Las gotas caían lentamente desde la mesa, no tenía ánimos de limpiar el desastre que yo misma había causado por un ataque de ansiedad ¿ como se atrevía a tratarme de aquella manera? Lo único que hice fue quedarme sentada, la situación me había consumido.
Se que hay cosas que ocurren sin que puedas evitarlas, como por ejemplo el echo de que yo le conociera, es algo que simplemente pasó, tal vez fue el destino o simplemente por azar. Lo recuerdo como si fuera ayer, estaba sentada en un banco, esperando a mi hermano. De repente escuché como alguien se sentaba a mi lado, miré disimuladamente, pero fue algo inútil ya que tenia la mirada de aquella persona clavada en mi.  Cuando hice contacto con sus ojos, estos me mostraron algo que no me mostraban otros, no sabría decir que era exactamente, lo único que sé es que su mirada era como una galaxia, infinita.
Desde aquel momento  empecé a escribir sobre él y él lo sabía, me decía que lo hacía bien. Lo que ni el ni yo sabíamos es que todas aquellas frases, pasarian a ser solo recuerdos.
No sé cómo todo esto puedo acabar de aquella manera. Me da pena, pero no por el echo de que no estoy con él, si no por mí, que le emtregue todo lo que tenía, de la única manera que sabía hacerlo, en lo único que se me daba bien.


Nicole Cueva 1ºB- 5
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martes, 4 de abril de 2017

Sé que fuiste tú.

Las gotas caían lentamente desde la mesa a causa de un gran hueco en el techo de mi casa, estaba parcialmente destruido. No me quedaba nada, mi novia había sido asesinada, mis hijos maltratados y yo estaba en un estado de locura avanzada, aún que, como para no estarlo con la situación que me había tocado vivir, la única que todavía permanecía conmigo era mi hermana.

- Ve a por las pastillas, rápido, antes de que vengan y nos hagan lo mismo que a ellos. - Dije susurrándole al oído.

Mi hermana corrió hacia el baño para realizar aquella tarea que la había encomendado, mientras tanto, yo iba forzando más el nudo para verificar su resistencia y escribiendo mi nota de suicidio. En ese atroz momento alguien llamó a la puerta principal.

- ¿Hay alguien en casa?¿Hijos míos?¡Abrid inmediatamente, es urgente!

- ¡Rápido, sírvete un vaso de agua y tómatela ya! - La dije a mi hermana, nervioso.

Me hizo caso y se sirvió el vaso de agua, posteriormente, se bebió la pastilla y éste, y fue a su cama a recostarse. Mientras tanto, me subí con cauteleza a la mesa, no quería resbalarme con el agua encharcada en su superficie. Cogí la cuerda y me la situé alrededor del cuello, una vez la apreté, tiré la mesa de una patada y mis piernas se quedaron colgando.

Mi padre escuchó la mesa caer y entró inmediatamente en la casa, echando la puerta abajo.
Entre toda la agonía que estaba sufriendo, la mayor parte concentrada en el cuello, lo único que pude ver antes de no sentir nada más que un dolor suave que se iba desvaneciendo, fue a mi padre, estaba mirando mi nota, la nota en la que simplemente puse cinco palabras: Sé que tu les maltrataste.

Después de eso no había nada, un lugar oscuro y tenebroso, todo en silencio, todo en la nada.





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lunes, 3 de abril de 2017

UNA CHICA, UN CHICO Y UN BAR.



Caían las gotas lentamente desde la mesa, era un día lluvioso típico en Vigo y más en invierno. Yo me encontraba en el bar de Agustín, allí esperaba a Alicia, mi amante, como todos los viernes siempre quedábamos después del trabajo . Aunque esta vez iba a ser diferente pues le iba a decir que nuestra relación había terminado. No podía seguir siendo infiel a mi esposa, pero a la vez me costaba mucha romper con ella ya que era una chica que me atraía mucho. Con 5 minutos de retraso llegó Alicia. Tras beber un trago de cerveza le miré a los ojos y le dije “Ali tengo que decirte una cosa...” ella rápidamente se abalanzó sobre mí y me dió un pico, segundos más tarde me dijo “que me querías comentar” yo le contesté “Eres la chica más linda de este mundo”.


Diego García Sáinz 1ºB Nº8
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viernes, 31 de marzo de 2017

Miedos irracionales

 
   Las gotas caían lentamente desde la mesa tras habérseme derramado el café al oír unos pasos a pesar de saber perfectamente que no había nadie más en la casa. Por mi mente pasaron todo tipo de imágenes y pensamientos tétricos, desde escenas de Psicosis hasta de Frankenstein, e incluso la vampirización de Bella Swan en Crepúsculo, decidí salir a investigar con todo mi valor y un objeto que pudiese salvarme la vida en caso de necesitarlo.
   Toda la casa estaba a oscuras y los pasillos se me hicieron mas largos de lo que eran en realidad, ya que los recorrí de cabo a rabo con la única y exclusiva compañía de una linterna y mi arma casera bajo el brazo.
   Mi miedo iba aumentando al igual que mi ansiedad, no quedaba ningún recoveco por mirar. Estaba a punto de llamar a la policía cuando sonó el timbre...

   -Marta, ¡ha sonado ya tres veces el despertador! ¡Vas a llegar tarde a clase!
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ADIÓS

Las gotas caían lentamente desde la mesa. Su vaso había caído cuando oyó la noticia. Notó que algo se había roto en su interior. Sus ojos se nublaron, sus manos comenzaron a temblar y su voz se quebró.
¿Cómo podía haber ocurrido? No se lo podía creer. Se sentó en la silla más cercana y unas cuantas lágrimas brotaron de sus ojos.
¿Cómo podía haber ocurrido? Por su cabeza pasaron todos los momentos que habían vivido juntos; todas las risas, todos los llantos, aquellos días tensos, esos días de verano, el jardín, el sol...
Se acordó de sus labios. Los adoraba. Recordó su sabor dulce, a caramelo. Y se dio cuenta de que los echaría tanto de menos. Ahora ese espíritu libre viajaba por el horizonte y su único consuelo sería la luna y el mar. Mirar el mar y la luna y luego, cerrar los ojos e intentar escucharlos. Tratar de escuchar a la persona que tanto amó.
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Ahora o nunca

Las gotas caían lentamente desde la mesa, lo que me irritaba profundamente. Llevaba muchos días nervioso, no sabía como reaccionar, la policía estaría a punto de descubrir que yo había cometido el homicidio. No, no, no y no. No quería ir a la cárcel, no lo merecía, es decir, había matado a un hombre, pero no voluntariamente, habría justicia, seguro. Las horas pasaban más rápidamente de lo que yo hubiera deseado. No se me ocurría ninguna forma para evitar la prisión. Estaba seguro, en cuanto me acusaran del asesinato, yo cantaría como un gallo. El tiempo era agonizante, vivía con el temor de que se derrumbara la puerta. No había mucho que hacer, mi apartamento era pequeño. Con el paso de lo que parecieron años, llegué a una conclusión, de repente sin encontrar otra opción decidí escribir una nota, en la cual justificaba el crimen y pedía perdón. Salí a la terraza para tomar el viento. En ese mismo instante, escuché a un perro ladrar, estaban aquí. Yo lo sabía. No quedaba tiempo. Era ahora o nunca. Decidí saltar, implorando que hubiera un perdón para mí.

Rosa Villalobos Vico 1ºB-19
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