EL ESCARMIENTO
Las gotas de agua caían lentamente desde la mesa, mi hermano había tirado el vaso de agua tras darle un buen susto. Desde que nos mudamos no tenía amigos, me entretenía haciendo trastadas a mi hermano. Pero una tarde cuando volvía del instituto… ocurrió algo que no olvidaría jamás.
Llamé a la puerta y nadie abrió, era raro, pensé que se habrían entretenido y lo mejor sería esperar. Cuando pasaron dos horas estaba muy preocupado, cuando empezó a anochecer tenía miedo, de repente, la puerta se abrió lentamente, no entendía nada.
Cuando vi a mis padres me dijeron que habían estado todo el tiempo en casa, mi hermano les contó que le había estado martirizando y quisieron darme un escarmiento.
Entré confundido y avergonzado, lo que estaba haciendo a mi hermano no era justo, haría un esfuerzo por hacer amigos y por supuesto, aprendí la lección.
David Moliner – 1º A
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