Las gotas caían lentamente desde la mesa cuando de repente apareció mi hermano. Se le veía en la cara que no se podía creer lo que estaba viendo, este desastre en medio de la cocina, el desastre que yo misma había creado sin darme cuenta.
Mi hermano estaba paralizado, sin ningún movimiento, totalmente inmóvil. Mi hermano me lo avisó, que no intentara cocinar que iba a producir un desastre, que no sabía cocinar y así fue, mi hermano tuvo razón.
Los dos nos mirábamos sin saber que hacer, qué íbamos a comer ahora, cómo lo íbamos a recoger antes de que nuestros padres llegaran de trabajar.
Los dos mirándonos nos dimos cuenta de que teníamos que recogerlo en ese instante, empecé a recoger esas gotas que caían de la mesa y seguí por toda la cocina.
Gracias a mi hermano todo se solucionó.
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