Las gotas caían lentamente desde la mesa mientras yo me quedaba hipnotizado mirando como llovía. La lluvia me encantaba, pero a pesar de ello, no podía salir de mi casa. Tenía miedo, mucho miedo, no sabía lo que se escondía allí afuera. Llevaba toda la tarde dándole vueltas, escuchando ruidos extraños, volviéndome loco.
Nunca me había gustado esta casa en medio del bosque y a menudo se escuchaban ruidos raros pero lo que estaba pasando hoy no era normal. Cuando cayó la noche me dispuse a meterme en la cama y dormir, ya que los ruidos habían cesado. En mitad de la noche me desperté ya que los sonidos provenientes del bosque no me dejaban dormir. Me decidí a salir con un cuchillo en la mano, no podía más. Abrí la puerta, enfoqué con la linterna del móvil y allí estaba, me había dejado a mi perro fuera que estaba helado y afónico de tanto ladrar.
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