domingo, 26 de marzo de 2017

Justicia, venganza e insurrección

Las gotas caían lentanente desde la mesa, soltó el cuchillo y salió fuera de casa mientras le caían lágrimas, era la primera vez que mataba a un ser humano. Paró un momento y miró atrás, ya no podría volver. Recordó como había matado al agente de la SS después de disparar por pura diversión al penúltimo de su familia, su padre, ya había asesinado antes a tres miembros de su familia pero después de matar a éste último significaría quedarse solo por lo que tuvo que coger aquel cuchillo para matarle aunque el nazi ya hubiera hecho su objetivo.
Corrió hasta llegar a la casa de su amigo Juan Crespo al lado del muro que los dividía con la otra parte de la ciudad de Varsovia, pensó cómo un ser humano puede afinar a otro ser humano por no considerarlo de una raza aceptable ¿acaso no respiramos igusl que ellos hacen? ¿acaso no amamos como ellos hacen? ¿acaso no bebemos agua para vivir como ellos hacen?
Llegó a la casa de Juan y llamó a la puerta, al verle se alegró ya que nadie sabía quién sería el siguiente en morir. Le abrió la puerta y le explicó aquella trágica historia. Sin pensarlo más Juan se levantó y le dió un arma con la que le dijo que al siguiente día el gueto de Varsovia se levantaría. Le ofreció también un lugar para ocultarse esa noche.
Al día siguiente, un 18 de enero de 1943, Juan se levantó y avisó a su amigo que todo iba a enpezar en ese momento, salió a la calle y no escuchó ni vió nada en particular solo una especie de barricadas hechas de materiales de casas destruidas o deshabitadas. Pero, derrepente, se escucharon disparos de todos los lados y los nazis gritando. Corrió hasta llegar al centro del gueto donde los insurgentes luchaban con los nazis y ahí estaba él, el asesino de su padre aún disparando contra sus camaradas judíos. Cogió el arma y disparó pero no llegó a darlo porque estaba muy lejos, se acercó un poco más y volvió a disparar pero solo le rozó, esta vez se dió cuenta que no le disparaban desde la barricada y disparó hacia éste que esquivó el tiro, el nazi se acercó sin recordar que en la barricada también disparaban y un judío le disparó en la pierna, le maldijo en alemán y vió como se acercaba el judío que antes le disparaba por el lado al que suplicó clemencia y éste disparó en la cabeza.
20 mimutos después el gueto ya era de los judíos y estaba fuertemente defendido. Ellos no volverían a entrar y el grupo asesino de su padre tampoco.
Un 19 de abril de 1943 varios alemanes entraron en el gueto con la esparanza de que se rindieran pero fueron acribillados desde las ventanas y huyeron.
Días después de este hecho los nazis utilizaron lanzallamas para poner las casas a arder, no tenían escapatoria, algunos se suicidaron, otros murieron a causa del humo de las llamas como nuestros dos protagonistas y pocos salieron de las casas para ser asesinados por los nazis.

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