martes, 28 de marzo de 2017

Venganza

Las gotas caían lentamente desde la mesa, formaban un charco cada vez más grande. 
La sangre no cesaba, el cuerpo no respondía, no respiraba, no mostraba signos de vida. 

Después de un par de horas,  Ángel irrumpió en la casa. No podía creerse lo que veían sus ojos, su amigo estaba tumbado encima de la mesa del comedor derramando sangre por todos los lados. A  juzgar por el aspecto de la casa, el único objetivo de aquel monstruo había sido su amigo, pues la casa estaba intacta. Llegó al lado de Jaime, le tomó la muñeca, no notaba su pulso; lejos de echarse a llorar y rendirse, tomó aire y se lo introdujo a Jaime. Este para la sorpresa de Ángel, pareció murmurar una palabra, la palabra que Ángel más temía desde aquel día en que le libraron, el término, venganza.

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