Las gotas caían lentamente desde la mesa pero los niños seguían jugando con los coches, ajenos al desastre que se acababa de producir. En otras circunstancias, su madre hubiese gritado y hubiesen tenido que dejar el juego, levantar platos y vasos, coger el pan ¡el pan,... que se moja!, poner servilletas para empapar lo que se pudiese y pasar la fregona por el suelo.
Pero hoy su madre fue la que derramó el vaso al reírse a carcajadas y dar un golpe con el brazo en la mesa, así que nada de eso pasó.
¿Qué provocó la carcajada de su madre? Simplemente, el hecho de que Jaime, el pequeño de dos años, le había dicho a su hermano Alfonso de cuatro que era "un poco adulto", y por eso iba a ganar la carrera de súper bólidos.
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