Tengamos coraje siempre,
seamos felices siempre.
Son tus palabras.
Poco más de veinte años.
Sin tiempo apenas para tristezas,
para alegrías, para desengaños…
Sólo lucha, sólo ganas de vivir
en alguien condenado a muerte.
Y ni quejas ni reproches,
ni lamentos de mala suerte.
No malas caras ni rabia contenida.
Sólo tu sonrisa y un gesto de tu brazo.
Las esperanzas se han disparado.
Tú solo lo has conseguido, Pablo.
Te vas, pero quedas,
en la mirada de quien recibe y en el corazón de quien entrega.
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